El asunto de hoy

Escena II

Encendió otro cigarrillo más, apoyada en el tapabarro del Pontiac Catalina, detenida en algún lugar entre Tongoy y Los Vilos, donde el combustible se le había agotado. Sólo llevaba una bata de levantarse de satín negro, encima del negligee del mismo color. Apenas tuvo tiempo de tomar las llaves del auto del bolsillo del pantalón tirado ahí en el silloncito del dormitorio. Antes que él, furioso, abriera la puerta rompiendo la chapa, saltó por la ventana. Echó a andar el Pontiac y salió en reversa, rompiendo el portón y escapó. "¡Ya no vuelvo más!", se dijo, aunque no tenía dónde ir. Condujo hacia el norte, sin rumbo cierto. Sólo quería aumentar la distancia, mientras pudiera, y no lograba pensar en otra cosa. Miraba el asfalto que el auto se iba tragando y pensaba, a veces en voz alta: "¡Nunca más! No vuelvo nunca más. Nunca más me van a golpear". Así, después de horas, el Pontiac Catalina azul oscuro se negó a seguir y dando toses murió al borde del camino.

... leer más...

Además lee:

Leyendo...

Sobre la crítica

Estimado amigo;

Leí con placer, y un buen vino Carmenere, el manuscrito de la novela que me envías, junto con la crítica y tu queja sobre ésta. Si bien entiendo las razones del crítico, aunque muchas de sus observaciones no las comparto, creo que equivoca su misión cuando su opinión se confunde con la de cualquier lector no avisado. Es evidente que su análisis falla cuando pretende que al interior de la novela se imponga un juicio moral. Esta actitud retrógrada es parecida a la que imperaba en las letras de los autores en estados unidos cuando se asumía que el bien debe siempre triunfar sobre el mal, prevaleciendo la moral y buenas costumbres dentro de la novela así como se espera que ocurra en la vida real

... leer más...

Escena I

Encendió el tercer o cuarto cigarrillo apoyada en el tapabarro del Pontiac Catalina, detenida en algún lugar entre Tongoy y Los Vilos, donde el combustible se le había agotado. Sólo llevaba encima de la camisa de dormir una bata de levantarse floreada y en la cabeza un pañuelo azulino, cualquiera

... leer más...

El Eunuco Manuel
El Eunuco Manuel miraba pasar la vida de allá abajo complaciente. Aquí arriba no le faltaba nada. Incluso tenía varios lugares para vigilar los sufrimientos de aquellos que vivían ahí en el hambre y la dificultad. Muchas veces corría de la ventana del dormitorio al balcón del estar, para vigilar la huida del Vaca, perseguido por el Fonseca, que era el caudillo del territorio que lo circundaba. O se distraía mirando a alguno trepado en un árbol, que intentaba cazar un pajarito.

... leer más...