El asunto de hoy

Psicodrama: En aquel tiempo era un niño

Estaba yo sentado, acurrucado sobre la tierra húmeda en el fondo del jardín, rodeado de plumas de pajarito. La noche era muy fría pero no me importaba nada, porque en el aire otoñal, además de aroma de lluvias que ya se disipaba flotaba esa fragancia tan, taaan atractiva que traía la cercanía de esa otra niña, parecida a mi, que solía ver pasear bajo mi balcón. Ahora tenía la ilusión, y eso esperaba aquí en la humedad de la tierra, más allá del pasto mojado de lluvia, que ella apareciera justo cuando yo también estaba libre por el jardín. Su fragancia me hacía un efecto salvaje tan fuerte, tan potente, que cuando vi a ese pajarito atrasado, volando bajo, en busca de su nido, di un salto, que sin su estímulo jamás habría sido ni tan alto ni tan preciso como para atrapar al avecita. No sé si el "tuí" que alcanzó a gemir fue de pavor o de sorpresa; así como tampoco estoy seguro de la razón por la que antes de caer, otra vez al suelo, ya había mordido su cuello tierno, del que brotó un hilito tibio de sangre dulce, tan sabroso, que en un santo y amén me empujó a comérmelo todo. ¡Nunca antes había hecho una cosa así!. A veces me gusta jugar a que soy un gato.

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Fatigando Ficciones

Toqué a la puerta varias veces, con insistencia. La casa, una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía, parecía abandonada por lo silenciosa, pero yo sabía que estaban ahí, porque después de mucha insistencia enviándole mis cuentos y relatos, me había devuelto una notita, que yo quisiera imaginar de su puño y letra, aún cuando la mano era, obviamente, de alguna mujer, y muy distinta a su propia letra que yo vi tantas veces: "Está bien, Irizarri; lo espero mañana después de la cena, a eso de las diez" decía la nota y su nombre escrito con la misma mano, más abajo, iba acompañada de un garabato que evocaba su rúbrica.

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Millenial Fiction

Me había llegado este ingreso extra. Primero pensé en una farra monumental con esos amigos con los que hace mucho que la soñamos. Después me dije que habría que pensar en algo más serio, como el ahorro o alguna inversión necesaria. También me tenté por un momento con la tecnología: Un nuevo teléfono personal, una tableta digital, algo así novedoso. Al fin, después de refrenar todos esos impulsos locos, partí a la estación del metro que conecta con las galerías subterráneas entre las dos avenidas, donde sólo se vende juguetes tecnológicos, juegos de videos y un surtido misceláneo de todo lo que puede convertirse en digital o electrónico, para comprar la versión última de Dark Souls.

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A Doménico

No sé cuanto tiempo estuvo en esa actitud, sentado en la penumbra del dormitorio, en una punta de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y la cara oculta en las manos. Nadie vino a preguntarle nada. Nadie lo llamó. Tal vez siempre fue un hombre solo y hoy viejo y sin horizontes, no tiene nada que mirar; por eso esconde la vista entre las manos. Quizás si ya viejo, no tenía nada que ofrecer y su mujer lo abandonó. O puede ser que ayer haya dejado a su amada en su último lecho frío, allá lejos.

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